Acerca de "Craneo de una noche de verano"...






Reflexion #1: Cráneo de una noche de verano
Ana Lydia Vega



A todos los puertorriquenos nos gustan las fiestas, los bailes, la musica y el "revolú", aunque a algunos más que a otros. Las historias o los famosos “chismes” son la orden del día para algunos de nosotros, porque aunque algunos más que otros, siempre se destacan nuestros rasgos culturales cuando llega el momento del día cuando hablamos de una de varias opciones: de lo que hicimos, de lo que vimos a alguien hacer, de lo que hicimos, de lo que vimos a alguien hacer o de lo que haremos o pensamos que alguien hará.



Me sentí en el periodo del día de comentar sobre lo que pensábamos que alguien iba a hacer cuando comencé a leer el escrito; escrito que estaba por narrarme una de las historias más graciosas que habría de leer este año. Esta historia, a pesar de estar un poco pasada de época (de los años 90) no era para nada caduca; puedo dar fe en estos días que he vivido historias muy parecidas a la que leí pero que no necesariamente tienen un final “tan feliz” a pesar de que el desarrollo de las mismas ha sido igual de disfrutable y el transcurso es igual de gracioso.




De cualquier manera, el viaje ha sido espiritualmente reconfortante; el pobre hombre con su viaje de acido, marihuana, perico y sólo sabe dios que más se había metido y yo riéndome de sus vivencias. Es verdad que los borrachos a veces estorban e incomodan a la gente, es verdad. Aunque siempre está en el grupito el que no sabe controlarse (el que no para de beber hasta que se cae al piso y se le revuelven las vísceras), al fin y al cabo, siempre que sean de los “borrachos buenos” nos van a hacer la noche con sus maromas y sus vicisitudes dándole vida a la fiesta.



El “pana” de la historia se drogó, se emborrachó, viajó bien lejos para expirar en el balcón de sus amigos donde por poco colapsa cayéndose del balcón. Aunque no se reventó con el suelo, se reventó con todas las drogas que se metió, porque el pobre cráneo del hombre no pudo aguantar la alta dosis de alucinógenos y narcóticos que había consumido. Aunque la historia concluye en algo que no es del todo motivo de celebración, es una buena historia relatada a modo de bochinche en la que algunos de nosotros si la hemos vivido logramos sentirnos reflejados. Me trajo recuerdos de otros momentos de mi vida, pero sentí un tanto de lástima porque como él, hay muchos jóvenes que se drogan dia tras dia, fiesta tras fiesta, buscando una respuesta en el cosmos y al no encontrarla, muchas veces les revienta el cráneo.

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