Acerda de "A Puerto Rico- Ausencia" de Jose Gautier Benitez

Sentirse parte de un lugar nos hace ser parte de ese lugar. Sin embargo, la vida nos pone situaciones en las que tenemos que despegarnos de aquello que más amamos. Sentirse eternamente puertorriqueño y tener que abandonar la isla provoca emociones desastrosas en las que se sueña y se desea regresar a las mismas playas en las que se estuvo alguna vez.



Hace unos años atrás fui parte de la vida norteamericana en la que por más de 8 meses sentí tristeza, desespero y la terrible nostalgia. Hubiera pagado cualquier precio por sentir el calor de mi isla bella, por saborear uno de los platos de la cocina de mi abuela, por sentir a mis hermanos boricuas pasar en la plaza del mercado. Extrañé las cosas que a veces ni disfrutaba tanto y a pesar de que el autor no hace mención a este sentimiento, si lo hace al extrañar a la Isla a través del mar y la distancia. El sintió inspiración mientras estaba ausente de la vida en la isla, yo sentí nostalgia y desesperación. Pues de alguna manera el vivir en Puerto Rico me aporta seguridad en el corazón, un tanto de esperanza y de felicidad que jamás he logrado conseguir en ningún otro lugar.

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